La Tierra de Marie Byrd es el único sector de la Antártida sin reclamar por ninguna nación. China y Rusia lo saben — y en 2025 y 2026 han acelerado su presencia allí de forma que el Tratado Antártico no había previsto.
En el mundo de la geografía política, los vacíos suelen durar poco. La Tierra de Marie Byrd (Marie Byrd Land), el único sector de la Antártida que históricamente no ha sido reclamado por ninguna nación, está dejando de ser un espacio olvidado. Durante 2025 y 2026 hemos sido testigos de un despliegue de infraestructura sin precedentes por parte de China y Rusia. Lo que se presenta como «coordinación científica» es, para muchos analistas, un movimiento estratégico para consolidar una presencia permanente en el sector más remoto del continente.
La proyección china hacia Marie Byrd: El factor Qinling

La reciente inauguración de la base Qinling en la costa del Mar de Ross ha cambiado el tablero. Aunque técnicamente fuera del sector no reclamado, su ubicación es la puerta de entrada logística hacia la Tierra de Marie Byrd. Los protocolos presentados por Pekín para infraestructura en puntos como Cox Point sugieren una expansión hacia el corazón de la Antártida Occidental que preocupa a las potencias con intereses en la región.
La infraestructura de Qinling no solo permite estudios de biodiversidad. Su avanzada tecnología de comunicaciones y rastreo satelital posee aplicaciones de uso dual que amplían las capacidades de vigilancia chinas en el hemisferio sur. Al establecer operaciones en una zona sin reclamaciones previas, China se posiciona como el actor dominante en cualquier renegociación futura del Tratado Antártico, llenando el vacío antes que cualquier otra potencia.

Rusia y el despertar de la Base Russkaya
Moscú ha decidido retomar sus posiciones históricas. El Kremlin confirmó la modernización integral de la Base Russkaya, ubicada precisamente en la costa de Marie Byrd Land. Esta estación permaneció en estado de hibernación desde 1990 — un símbolo del repliegue soviético tras la Guerra Fría que ahora llega a su fin.
Tras décadas de abandono, la base cuenta hoy con tecnología para operar durante todo el año, desafiando los vientos más extremos del planeta. La reactivación de Russkaya es una declaración de intenciones: Rusia asegura su vigilancia sobre el Pacífico Sur y reivindica su herencia exploratoria en el continente, enviando un mensaje claro a las naciones del Tratado Antártico de 1959.

La coordinación sino-rusa: El bloque del Sur Profundo
Lo más significativo del último año ha sido la firma de protocolos de «coordinación logística» entre Pekín y Moscú. Esta alianza crea una simbiosis estratégica: Rusia aporta su presencia histórica y ubicaciones críticas en Marie Byrd Land, mientras China provee el capital y la tecnología de vanguardia.
Desde la perspectiva de la geopolítica polar, esto representa un desafío al modelo de cooperación multilateral que sostiene el sistema del Tratado Antártico. Si China y Rusia consolidan las únicas rutas logísticas y bases operativas en la Tierra de Marie Byrd, establecerán una soberanía de facto sobre el único sector del continente que el derecho internacional dejó sin definir. El objetivo estratégico es claro: posicionarse para el año 2048, cuando la prohibición de extraer minerales e hidrocarburos podría ser revisada. Quien tenga la infraestructura montada será quien dicte las condiciones.
El dilema de las potencias reclamantes
Países como Argentina, Chile y Australia observan con cautela. La proliferación de actividades por parte de potencias extrarregionales pone a prueba el Artículo IV del Tratado Antártico, que congela las reclamaciones territoriales existentes pero no previó el escenario de una ocupación funcional de la única terra nullius del continente.
La soberanía polar no se defiende solo con mapas — se defiende con presencia y legitimidad científica. Si las naciones comprometidas con el espíritu del Tratado Antártico no mantienen su inversión en infraestructura en la región, el vacío será ocupado por actores con agendas distintas sobre el derecho internacional y la libertad de investigación.
Conclusión
La aceleración de China y Rusia en Marie Byrd Land confirma que la Antártida es un tablero geopolítico vivo. El sistema del Tratado Antártico ha demostrado ser robusto frente a muchos desafíos desde 1959, pero no fue diseñado para gestionar la ocupación funcional progresiva de su único sector sin reclamar.
El sur profundo ya no es un refugio aislado. Es la nueva frontera de la competencia global — y el reloj que marca la cuenta regresiva hacia 2048 ya está en marcha.
